
Qué poderosa imagen la de Claudio X González Laporte esperando una entrevista solicitada con Claudia Sheinbaum Pardo, próxima presidenta de México, que nunca llegó.
Parece mentira que detrás de esa impresión (hasta tierna) de abuelito bonachón, esté el principal artífice de la verdadera polarización ideológica de un país.
Es a este hombre a quien se le debe el mito de la “venezolización” de México, de la “confiscación” de la propiedad privada, del “cierre” de las iglesias, de la circuncisión “obligada” a los recién nacidos.
Promotor de una poderosa campaña difamatoria jamás vista que empleó hasta la DEA para impulsar #NarcoPresidente y #NarcoCandidata, como hizo hace 20 años con “Un Peligro para México”.
Quien incluso alimentara la narrativa para un golpe de Estado, ayer, mientras el Consejo Coordinador Empresarial abrazaba a Claudia Sheinbaum, esperaba solo en la sala contigua una respuesta que nunca llegó.
O sí, la de que ella no se somete a los tiempos de ningún oligarca y que en estas elecciones cruzó la línea como enemigo político.
No hay duda. Los tiempos han cambiado. Y a quien hasta antes del 2018 usaba a los presidentes como sus gerentes —retratado por la extinta Policía Política como un enemigo del bienestar social—, le ha llegado la hora.
El cuadro, es el cuadro del ocaso de un Emperador y su heredero.
Su mismo grupúsculo le ha abandonado, disgustado por el timo de Xóchitl Gálvez, y apenas separado por una puerta, le garantiza a la nueva presidenta una inversión de 42 mil millones de dólares, para empezar.
¿Se volcarán hacia la izquierda? No, pero la realidad es que esa oligarquía ya tomó la decisión de apartarlos de los acuerdos que se tomen en los próximos años.
Porque hasta personajes tan poderosos como los Claudio X González son derrotados, tarde o temprano, por la voluntad popular.



.
Fotos: Luis Castillo.