
Hace 66 millones de años, un asteroide o cometa de unos 14 kilómetros de ancho se estrelló contra la Tierra en lo que hoy es la península de Yucatán, que entonces se encontraba en el fondo de un mar poco profundo.
La rompió
El impacto fue catastrófico. Desencadenó tsunamis, provocó incendios y expulsó una nube de ceniza y polvo que cubrió al globo bloqueando el Sol y enfriando el clima. La colisión y sus consecuencias acabaron con el 75% de toda la vida en la Tierra, incluidos los dinosaurios.
¿Y luego?
El cráter de Chicxulub, que ahora se encuentra parcialmente en tierra, es el resultado de aquel gran impacto y es el cráter mejor conservado de la Tierra. En los millones de años transcurridos desde el golpe, el cráter ha estado enterrado bajo gruesas capas de piedra caliza, pero aún son visibles en la superficie.
Al grano
Cuando esas gruesas capas de piedra caliza se erosionan, los sedimentos calcáreos se lavan en la amplia y poco profunda plataforma de Yucatán. En la imagen en color natural, los remolinos de sedimentos son visibles frente a la costa norte y oeste de la bahía de Campeche.
Los sedimentos dispersan la luz y esta reflectividad es la que le da al agua su color característico cuando es vista desde el espacio. Cuando flota cerca de la superficie, el sedimento parece de color marrón oscuro, pero a medida que se hunde y se dispersa, el color cambia a tonos de verde y azul claro.
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Cuando las aguas costeras poco profundas son agitadas por los vientos, las mareas, las tormentas o las corrientes, los sedimentos del fondo marino pueden volver a quedar en suspensión, lo que hace que el agua del mar se vea blanca o azul pálido.
Parte del color también puede provenir del fitoplancton —organismos microscópicos parecidos a plantas— que a veces flotan en la superficie en floraciones lo suficientemente grandes como para ser vistas desde el espacio.
Imagen del Observatorio de la Tierra de la NASA por Lauren Dauphin, utilizando datos de MODIS del sistema LANCE de EOSDIS de la NASA y GIBS/Worldview.