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  1. Tribu Opina/

¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que viste "La Mar"?

Para mí fue en el 77. Tenía 8 años. Conocía “El Mar”, una cosa espantosa que me revolcó hasta casi ahogarme. Fue en Chachalacas, Veracruz, donde mi abuelo paterno tenía un hotel.

Siempre coincidía que había “Norte” cuando lo visitábamos: frío, revuelto y enojado, como mi abuelo.


El viaje hacia “La Mar”
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Para conocer “La Mar” tuvimos que viajar un poco más lejos, como caracoles con nuestra casa a cuestas: un remolque construido por mi padre tirado por un poderoso Rambler American.

Durante el trayecto, mi padre no cesó de emocionarnos con historias del Caribe, piratas, guerreros mayas, ¡caníbales!

Una noche, tras varios meses de viaje, llegamos a un pequeño pueblito llamado Puerto Morelos.

Calles de arena, pocas casas dispersas y una explanada con un corral donde hoy se encuentra el parque central. Lo recorrimos lentamente; todos dormían, parecía un pueblo fantasma.

La idea era pasar a Cozumel al día siguiente, así que nos dirigimos al muelle fiscal. Allí, con el permiso del velador, estacionamos para esperar la nueva página de nuestra travesía.


El primer encuentro
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Lo primero que recuerdo al despertar fue el sonido de las olas rompiendo suavemente en la orilla. ¡Eran como pequeñas campanitas!

Salté de la cama como un resorte y abrí la puerta de golpe. ¡Y allí estaba!

Frente a mis ojos había un plato de agua transparente, color turquesa, que se oscurecía al enfocar el horizonte hasta fundirse con el cielo.

Parecía que “La Mar” continuaba hasta quedar sobre mi cabeza, pues no había una sola nube en el cielo.

De cerca, el agua cristalina me permitía ver peces de colores y cangrejos en el fondo, parecía un acuario. A lo lejos, el arrecife sobresalía, rompiendo las olas de “La Mar”.

¡Bajé de un salto y corrí hasta su lado! Me sorprendió el color de su arena y su textura. Extasiado, miré a mi padre, que ya estaba en la puerta del remolque; él, con un gesto de cabeza, me sugirió: "¡Métete!"

Ese día, mis hermanos y yo no salimos de “La Mar” hasta que muy tarde nuestra madre nos arrancó de sus brazos.

Si por mi padre fuera, que reía ante nuestra lucha, hubiéramos dormido allí.


Una vida junto a “La Mar”
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Desde entonces, “La Mar” ha estado a mi lado. Me atrapó. Me ha enseñado infinidad de cosas y he podido apreciar maravillas en su interior.

También me ha mostrado su furia: dos veces, literalmente, nos dejó sin casa. Aun así, no dejé de amarla y me aferro a este pedazo de tierra para permanecer a su lado.

  • Durante mi niñez fue mi campo de juegos
  • De adolescente, a su lado conocí por primera vez el amor
  • Como adulto, me ha regalado reflexión

“La Mar” en peligro
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Hoy, esa “Mar” está en peligro.

El cambio climático, la sobreexplotación turística, el uso excesivo de químicos, la destrucción de las dunas costeras, la pérdida de vegetación endémica y la sobre densificación en la costa están amenazando su salud.

Pero, sobre todo, la insaciable codicia del capital que antepone la ganancia sin escrúpulos sobre el respeto, el equilibrio, la sustentabilidad y la justicia.

Todos dependemos de su salud pero muy pocos hacemos algo.

Y los pocos que lo hacen se enfrentan al desprecio gubernamental, al recorte de recursos y a la burocracia de siempre; y en muchas ocasiones, a la persecución o al escarnio.


Un llamado a la conciencia
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Por eso, te pido, después de leer esta pequeña historia de amor, que hagas conciencia de tus actos.

Todo lo que desperdicias, los químicos que utilizas, tus aguas residuales, eventualmente todo, llegará gracias a nuestro suelo kárstico a “La Mar”.

¡Y eso la enferma!


#CorazónPlayense te pregunta:
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¿Cuándo fue la última vez que fuiste a “La Mar”?
¿Cómo la viste?

💬 Comenta y comparte.


#TribuPlayense #CorazónPlayense #SalvemosElCaribe

Autor
Miguel Ángel Fernández Rodríguez
Nació en la Ciudad de México el 12 de diciembre de 1969 y es Caribeño desde 1977, libre pensador y marxista. Viene de una familia de campesinos por parte de su madre y de las artes gráficas por parte del padre. Esa fusión despertó de forma inata el interés en los temas sociales, el arte, la ecología y los derechos humanos. Autodidacta, emprendedor, dueño de su propio negocio desde hace 35 años, es padre de dos hijos, 4 perros 3 gatos y 200 palomas libres. Ha participado en diferentes grupos que luchan por el derecho a un mejor futuro con justicia social y respeto ecológico centrado en el humanismo.